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miércoles 20 octubre 2021
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Confirman una pena contra un abuelo por abuso sexual simple

El Tribunal de Impugnación Penal confirmó una condena por abuso sexual simple agravado contra un abuelo y, para ello, se basó fundamentalmente en el relato de su nieta en Cámara Gesell –luego de observar minuciosamente el video– y de los testimonios de psicólogos y familiares directos. Valoró especialmente, como pruebas del caso, una serie de escritos y dibujos de la menor e indicó que se haya expresado “con gestos y no con palabras” no le hizo perder credibilidad ni espontaneidad al relato.

Los hechos probados, y ahora ratificados, ocurrieron antes de julio de 2018, cuando el acusado –“en más de una oportunidad”– le realizó tocamientos a la niña de seis años en su propia oficina y una vez en la ‘casa de la chacra’, de acuerdo a las palabras de la nieta.

La resolución fue rubricada por la jueza María Eugenia Schijvarger y el juez Fernando Rivarola, integrantes de la Sala B, quienes de esta manera confirmaron la pena impuesta por la jueza de audiencia de General Pico, María José Gianinetto, el 28 de abril, a tres años en suspenso por haber sido cometidos los abusos por un ascendiente y como delito continuado.

Ad su vez, al condenado de 65 años, se le fijaron las siguientes pautas de conducta: fijar domicilio. someterse al control del Ente de Políticas Socializadoras, abstenerse de todo tipo de contacto con la niña y su madre, y realizar un tratamiento psicológico.

El fallo fue impugnado por la defensa particular, aduciendo que existió una errónea valoración de la prueba por parte de Gianinetto, que la víctima no pudo describir las agresiones sexuales y que, ante la duda, debió primar el criterio de ‘in dubio pro reo”.

A su vez, la fiscalía y la querella se agraviaron por la sanción y pidieron una condena de cinco años de prisión de cumplimiento efectivo. Para ello argumentaron la condición de proveedor del acusado, su nivel de instrucción y que era el encargado de la guarda.

Lápiz y papel.

Luego de señalar que “la declaración de la víctima tiene un papel fundamental” en la causa, el TIP remarcó que el relato de la niña haya sido expresado –ante la psicóloga forense– “con lápiz y papel” y “con gestos en vez de con palabras”, no le hizo perder credibilidad ni espontaneidad.

En tal sentido, Schijvarger y Rivarola reconstruyeron en detalle los dichos de la damnificada en Cámara Gesell. Basándose en la declaración de la psicóloga que la entrevistó, dijeron que hubo “cantidad de detalles” que, contextualizando los hechos, permitieron probar los abusos. Por eso subrayaron que la propia profesional afirmó que “los dibujos en sí mismos no indicarían nada, sin tener en cuenta todo lo otro; es decir su inhibición, la negación, el rechazo (al acusado) y el relato en Cámara Gesell”. Todo ello, en su conjunto, fue lo que le permitió pensar que existieron las situaciones de abuso.

Con respecto a la inhibición para manifestar lo vivenciado, el TIP tuvo en cuenta que la psicóloga señaló que la inhibición “es una situación de afectación emocional respecto de algo específico” –en este caso la conducta del abuelo sobre ella– y describió que la niña padeció una “sintomatología persistente”, que incluyó pesadillas nocturnas, retraimiento social y rotura de juguetes.

Si bien el acusado era un abuelo presente, que estaba atento a las necesidades de su nieta, el Tribunal valoró testimonios de familiares cercanos a la víctima expresando que se notaron cambios en ella, que de ser “una nena dulce” pasó a ser “más mala, rebelde y con miedo” y que llegó un momento en que “no quiso ir” con el acusado. Puntualmente refirieron que en una ocasión se negó a saludarlo cuando fue a despedirla antes de un viaje y que ahora lo menciona como “el viejo”.

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