En Argentina, tener un testamento no garantiza que los bienes se repartan exactamente como lo decidió la persona fallecida. La Ley de Sucesiones establece límites claros para proteger a la familia directa y, en algunos casos, incluso el viudo o la viuda puede quedarse sin herencia.
La ley reconoce a los llamados herederos forzosos, que son los hijos y el cónyuge. Ellos tienen derecho a una parte obligatoria de la herencia, conocida como porción legítima, que no puede ser quitada ni siquiera por testamento. Solo una parte del patrimonio puede destinarse libremente a otras personas: un tercio si hay hijos y la mitad si no los hay.
Cuando hay hijos, el viudo o la viuda hereda una parte igual a la de cada uno. Si no hay hijos pero sí padres o abuelos, la herencia se reparte entre ellos y el cónyuge. Solo si no existen ni hijos ni padres, el viudo o viuda recibe todo.
Sin embargo, hay situaciones puntuales en las que el cónyuge pierde el derecho a heredar, aunque exista testamento. Esto ocurre si el matrimonio se celebró menos de 30 días antes del fallecimiento y no había convivencia previa comprobada, o si al momento de la muerte había separación de hecho o divorcio sin reconciliación.
El objetivo de la ley es evitar abusos y proteger a la familia directa. Por eso, cualquier testamento que viole estas reglas puede ser corregido por la Justicia. Conocer estas normas es clave para entender cómo se reparten las herencias en el país y evitar sorpresas.

